Budismo Zen y Artes Marciales

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LA LEY DEL TALIÓN Y EL COMPORTAMIENTO ÉTICO

Si la posición indicara la prioridad, Patanjali pone al "pensamiento" en lo más alto de la lista de obstáculos a los que se enfrenta el escalador al principio del Camino.

El aspirante a yogi habrá previsto la necesidad de una reforma moral; y por tanto incluso antes de establecer el campamento base habrá roto con algunos obvios malos hábitos. Los más cuestionables los dejará para más adelante. Y se relajará, en la seguridad que haber alcanzado un estado ético razonablemente puro y que, por tanto, se encuentra listo para empezar. ¡Pero la primera instrucción de Patanjali le confunde! ¡Se le requiere tener control sobre lo que piensa! Y esta instrucción le parece incomprensible.

El edicto es particularmente desconcertante, ya que siempre ha trabajado bajo la certeza de que los pensamientos de un hombre son de su propia incumbencia, que son sus posesiones personales y privadas las cuales no está, de ninguna manera, obligado a compartir con otros. No sólo cuenta con un derecho Constitucional para rehusar incriminarse a sí mismo en una declaración oral, sino que además su derecho a pensar lo que quiera es tan inalienable que ni siquiera se considera necesario protegerlo legalmente. Es de sus acciones de las que es responsable.

Un pensamiento extraño le perturba. Curiosamente, la única ocasión en la que no se le considerará responsable de sus actos es cuando declare enajenación mental.

Bueno, las acciones se pueden probar por medio de demostraciones, testimonios, y la ciencia forense. Pero, se pregunta, ¿cuál es la evidencia del pensamiento? ¿Cómo puede alguien saber qué es lo que estoy pensando?

Si rechaza el requerimiento, leyendo por encima las instrucciones hasta llegar a asuntos más prácticos, seguramente habrá cometido un error fatal para su programa.

Las instrucciones de Patanjali difieren del rutinario Sankhya o de otros regímenes de yoga en varios aspectos significativos.

El profesor Eliade escribe, "Mientras que el Sankhya era ateísta, el yoga era teísta, ya que postulaba la existencia de un Dios supremo (Ishvara); [y] aunque según el Sankhya el único camino a la salvación era el del conocimiento [académico] metafísico, el yoga concedía considerable importancia a las técnicas de meditación." Ishvara es una deidad vigilante, una a la que los Budistas se refieren como el Ser Búdico o, personificado, como Amitabha (Amitofo) o algún otro miembro de la Trinidad. Patanjali también se refiere a Ishwara como "Drashtuh (el Vidente; del alma) Sva-rupe (en su propia naturaleza, o estado"). El profesor Ernest Wood traduce esto como "El Observador"; y para Monier Williams una de las traducciones del término es "Uno que vigila y juzga" como en un juicio. Eliade traduce esto usando el capitalizado Sí-Mismo lo que concuerda con el término budista Zen, Ser Búdico o Naturaleza Búdica.

Patanjali comienza sus instrucciones como sigue: "El yoga nos requiere controlar las ideas en la mente. Entonces el Observador puede morar en su propia naturaleza. De otra forma nos identificamos con las ideas."

Emplea la palabra vritti, emparejado morfológicamente con writhe, designar "pensamientos," lo que sugiere la agitación o retorcimiento del pensamiento. La mente que no está en calma está desaguisada o turbulenta con los pensamientos; y en función de hasta qué punto estos pensamientos no se consideren apropiados para el Observador, el escalador del Camino estará en problemas.

Antes de que el escalador pueda continuar, debe entender qué entraña el ganar control de los pensamientos. Esta prohibición no significa que los pensamientos se eliminen. Al contrario, el hombre se asume que piensa... pero sus pensamientos deben ser apropiados, éticos, y no dañinos.

Por tanto, los pensamientos no son asuntos privados, después de todo. El Ser Búdico (El Observador) se encuentra en el interior del escalador; y la Naturaleza Búdica está al tanto de todos sus pensamientos.

Independientemente de si esas ideas o pensamientos son hechos acertados o suposiciones erróneas, ficciones creadas por algún motivo, se traten de sueños agradables o pesadillas, recuerdos correctos o incorrectos de sucesos, el escalador se identifica con cualquier idea que sea indecorosa. Puede errar en su lógica o en sus recuerdos, y mientras ninguno de ellos mancille su mente, haciéndola inadecuada como morada para el Observador, está a salvo. Pero cuando se entretiene con ideas impropias, bueno, entonces... aquello que sean, será él.

El estado mental que el Observador considera apropiado es el de calma y transparencia, sin estar contaminado por el conocido septeto, ira, orgullo, envidia, lujuria, codicia, gula y pereza. Es el que está, dice Patanjali, "descolorido." Estar descolorido es estar sin emoción pecaminosa, atadura, proyección o deseo.

El procedimiento recomendado para controlar la mente consiste en permanecer alerta y consciente, y lograr esa decoloración.

En otras palabras, se le dirige al escalador a alcanzar una Sagrada Indiferencia hacia el mundo exterior, para liberarse de las ataduras a cualquier parte de él, y ser benignamente independiente de cualquier cosa que le suceda a él y alrededor de él. Se consagra a purificar sus pensamientos y acciones de forma que la morada del Observador permanezca sin profanar.

Una persona en el Camino puede no estar en posición como para dar la espalda al mundo exterior. Tiene que actuar y reaccionar a eventos. Pero, el requerimiento permanece: no debe permitir que estos eventos le afecten de una manera emocionalmente negativa. Ningún pensamiento furtivo o deshonesto puede alojarse en su mente.

Y cualquiera que sea el grado en que el Observador considere un pensamiento pecaminoso como indigno de Su presencia, Él abandonará al que lo ha pensado a su propio castigo auto-infligido. Resumiendo, Él aplica la Ley del Talión: la Ley de la Pena Idéntica. Esto no se puede afirmar con demasiada frecuencia. En lo que concierne a la meditación y a todas las formas de progreso espiritual, las mayores fuerzas disuasorias son también las que menos asociamos con nuestros pensamientos malévolos. Echamos las culpas a una variedad de causas por nuestros fracasos – un resfriado, un dolor de espalda, o una serie de padecimientos que cualquier médico competente etiquetaría como "psico-somáticos" o como mínimo una condición que ha sido el resultado de una falta de atención, ansiedad, o cualquier tipo de error de juicio.

Entender esta ley resulta sencillo cuando se aplica a acciones. "Ojo por ojo, y diente por diente," dice el capítulo 21 del Éxodo. El castigo se ajusta al crimen. En cierto modo, una persona cuenta con ello. "Lo que se siembra, se cosecha," dice complacientemente. "Es el karma." Y en efecto, karma significa acción. Pero la Ley del Talión dictamina "pena idéntica." Cuando la ofensa es psicológica, se castiga al ofensor psicológicamente. Esto es Budismo básico.

Las Cuatro Nobles Verdades de Buda establecen que la causa de la amargura de la vida y del dolor es el deseo (¡un pensamiento como ningún otro!) pues de la misma manera en que el sufrimiento define el infierno de cualquiera, el Samsara (el mundo material) y sus deseos insaciables definen el del Budismo. El infierno es un lugar de castigo; y en cuanto una persona sucumbe al deseo, se emite a sí misma un visado.

La idea de que los malos pensamientos crean heridas auto-infligidas está respaldada por la ciencia. En su estudio acerca del suicidio, El Hombre Contra Sí Mismo, el psiquiatra Karl Menninger dice, "Existen ciertas leyes que gobiernan la actividad del consciente con las que hemos llegado a familiarizarnos a partir de la experiencia clínica. Una de ellas es que el ego debe sufrir en proporción directa a su destructividad dirigida hacia el exterior. Es como si esa parte del instinto destructivo retenida dentro del ego tuviera que seguir dentro del microcosmos de la personalidad una actividad precisamente comparable a aquella que el ego está dirigiendo hacia el macrocosmos del exterior. Si el individuo dirige un ataque de una cierta naturaleza sobre una persona en su entorno, el consciente, o super-ego, dirige un ataque de idéntica naturaleza sobre el ego. Esta fórmula nos resulta bien conocida en las organizaciones sociales como la ley del talión, la base intuitiva de todos los sistemas penales." Más adelante añade, "Otro factor más o 'ley' acerca del consciente: un sentimiento de culpa puede surgir a partir de otro motivo que no sea una agresión real; en el inconsciente un deseo de destruir es bastante equivalente a la destrucción real en lo que se refiere a la exposición del ego al castigo."

Lo que para Menninger es el "super ego" puede ser denominado con seguridad el Observador o la Naturaleza de Buda.

Patanjali reconoce que requiere cierta práctica eliminar las acciones impropias y, por extensión, los deseos impropios. El Observador ha dispuesto las Cinco "Yamas" o reglas de conducta esperadas; y en cuanto uno se descubre a sí mismo deseando romper esas reglas, tiene que detenerse e investigar sus deseos hasta que entienda no sólo las dañinas consecuencias sino también su origen. Si está enfadado con alguien, necesita entender que es la proyección del contenido de su propia Sombra sobre ese individuo lo que alimenta su ira. Esta tarea debería mantenerle ocupado durante unos cuantos días – o al menos lo suficiente hasta calmarse.

¿Puede beber o tomar drogas? No, porque la intoxicación constituye una impropiedad a los ojos del Observador. ¿Puede complacerse con aventuras sexuales? No. Porque la impropiedad sexual es por definición impropia. Puede resultar de interés apuntar que en la antigüedad las reglas para el Yogui totalmente comprometido requerían algo más que el celibato. De acuerdo con La Glosa de Vachaspati Misra, (El Comentario de Vyasa), acerca de la naturaleza de la continencia, (Y.S. 2:30) "'Acerca de la templanza del poder oculto'" dice, "las palabras 'poder oculto,' se emplean para significar que el mero no-uso del órgano no es continencia. El deseo de ver y hablar a las mujeres y abrazarlas... es también incontinencia. El significado es que las otras sensaciones que tiendan hacia ello han de ser también comprobadas." (Vyasa vivía una existencia solitaria.) El escalador no debe mentir o robar o envidiar; aún más, debe descubrir por qué llegó a desear mentir o robar o envidiar; y entonces, habiendo iluminado el origen, erradicar los deseos desde su origen. Esto no es tarea fácil. Pero ¿y si flaquea? Patanjali recomienda que se purgue inmediatamente el "pecado" problemático mediante el antídoto de su opuesto. Si el escalador desea hacer daño a alguien y es rápido reconociendo esta brecha indecorosa, tiene que detenerse y tan abruptamente como le sea posible, y apenado por su lapsus, rezar por la buena fortuna de ese mismo individuo.

La decoloración o Sagrada Indiferencia es aquel estado puro en el que una persona observa, actúa y reacciona sin resultar involucrado emocionalmente. Responde de forma sencilla, directa, sin astucia, y "natural." La emoción contamina; y el Observador dictamina que Él habita en un lugar prístino, trasparente. He aquí una vieja historia que ilustra este estado:

Un hombre sagrado estaba sentado en la ribera de un río, cuando un escorpión se arrastra hasta la orilla y cae dentro del agua. Allí se debate, incapaz de nadar. El hombre sagrado introduce sus manos en el agua y recoge el escorpión; y mientras lo saca para dejarlo en tierra firme, le pica. Unos minutos más tarde el escorpión regresa al borde del agua y de nuevo se cae dentro de ella y comienza a ahogarse. Una vez más el hombre sagrado introduce sus manos para rescatarlo – y nuevamente mientras lo deposita en tierra firme, es aguijoneado por el escorpión.

Un hombre, que se encontraba cerca, observa todo esto y se sorprende cuando una vez más el escorpión repta hasta la ribera y cae al agua – y de nuevo es rescatado por el hombre sagrado – quien vuelve a ser aguijoneado. El hombre no puede permanecer observando lo que considera un comportamiento insensato. Se acerca al hombre sagrado, demandándole, "¿Por qué persiste en rescatar a ese escorpión desagradecido que sigue picándole a cambio de sus esfuerzos?"

El hombre sagrado se encoge de hombros, "Está en la naturaleza del escorpión el picar, de la misma manera en que está en la naturaleza del hombre ayudar a una criatura necesitada."

De forma burda o sutil, una persona sufre a raíz de los pensamientos dañinos que dirige hacia los demás. Mientras revisa las tribulaciones diarias, puede no establecer la conexión entre los dos eventos: el pensamiento impropio y el castigo psicológico. Puede encontrar otras razones por las que sufre de insomnio o impotencia, irritabilidad o despistes. Puede sentirse preocupado cuando debería permanecer atento; puede dejarse caer de lo que creía era el último escalón de una escalera cuando en realidad se encontraba en el penúltimo escalón – y entonces nunca relacionar su pié roto con el pensamiento malicioso que ha tenido. Sin embargo, no se puede escapar al castigo. El antiguo chiste acerca de un hombre que tiene un tic nervioso – una sacudida incontrolable de su hombro izquierdo – se aplica. El hombre acude a un hipnotizador para que le cure; y, puesto bajo hipnosis, le ordenan que cese de sacudir su hombro. Cuando recupera la consciencia se ve aliviado al comprobar que las sacudidas de su hombro han cesado. Y mientras escribe el cheque para pagar al hipnotizador, su ojo izquierdo empieza a parpadear nerviosamente.

No hace falta decir que no todas las aflicciones derivan de la aplicación de la Ley del Talión. Pero las que lo son deben ser curadas en su origen.

Encontrar nuestra propia naturaleza – aquella que resulta una morada adecuada para el Observador – es la meta de la disciplina diaria. Cumplir el compromiso espiritual de vivir una vida de bondad e integridad; ayudando a los demás sin vernos involucrados emocionalmente en sus problemas, manteniendo una discreta distancia, no teniendo "amigos" sino simplemente siendo amigables con todos; corrigiendo un error tan pronto como sea posible, e investigando con determinación el origen de cualquier acción o pensamiento que sea impropio para Aquel Que Observa, es el primer reto para el escalador.

Si no fuera tan imposible de esculpir, se debería añadir un cuarto mono a los tres habituales: No escuches ninguna maldad, No hables ninguna maldad, No veas ninguna maldad, y No pienses ninguna maldad.

UN MODELO A ESCALA DE LA PSIQUE: Comprendiendo la emoción y la motivación.

Mientras el ego de un individuo esté involucrado en el esfuerzo, no puede haber un progreso sustantivo en el yoga, alquimia, Daoísmo, Zen, o cualquiera de las artes marciales. Durante el periodo de instrucción, por supuesto resulta necesario que el estudiante sea consciente de sí mismo; pero una vez ha aprendido a ejecutar los procedimientos correctamente, su próximo reto consiste en excluir a su ego del desempeño de la tarea.

En la disciplina del tiro con arco, por ejemplo, el estudiante debe aprender las técnicas apropiadas para permanecer de pié, montar la flecha, estirar, apuntar, y liberar. Pero una vez haya aprendido estos pasos, entonces debe eliminarse a sí mismo como el arquero cuando dispara; pues en el arte del tiro con arco tan sólo puede haber la diana, la flecha, y el arco. Una mano y un brazo estirarán de la cuerda, pero en el momento en el que el arquero piense, "Esta es mi mano la que está estirando la cuerda," ya se encuentra en desventaja.

El Zen, al no ser Budismo ortodoxo, ha preferido siempre buscar discernimiento espiritual en la literatura Daoísta: y en el asunto del ego auto-destructivo, esa literatura no decepciona: Aquí está la traducción de Thomas Merton de un poema de Chuang Tzu:

La Necesidad de Ganar

Cuando un arquero dispara por nada
Cuenta con toda su habilidad.
Si dispara por una hebilla de latón
Ya se encuentra nervioso.
Y si dispara por un premio en oro
Se vuelve ciego
O ve dos dianas -
¡No está en sus cabales!
Su habilidad no ha cambiado. Pero el premio
Le divide. ¡Se preocupa!
Piensa más en ganar
Que en disparar -
Y la necedidad de ganar
Le drena de poder.

La conciencia del ego dictamina que la atención debe ser desviada a través de una capa de consciencia que retrasa la acción y la reacción, facilitando la distracción, y prejuzgando la elección. La espontaneidad se pierde cuando el intérprete tiene en cuenta su propio bienestar o la reacción de los demás.

Actuar sin desviar los pensamientos es actuar "por debajo del nivel o el umbral" de la conciencia de uno mismo, es decir, actuar subliminalmente en el estado trascendental y libre del ego; pero liberar al ego de desviar los pensamientos no es una tarea fácil. Requiere separarse de todas las fuentes emocionales.

Según un antiguo mondo Zen:

Un maestro le aconseja a un monje novicio, "Debes destruir todas tus conexiones con las personas de tu anterior vida seglar. Rompe los lazos hacia ellos y considéralos como si estuvieran muertos. Córtalos todos."

El novicio queda perplejo. "¿Y mis padres? ¿Debo acabar con ellos, también?"

El maestro responde, "¿Quiénes son ellos para perdonarlos?"

El novicio replica, "Y usted, Maestro, ¿debo acabar con usted, también?"

Y el maestro responde, "No te preocupes. No queda lo suficiente de mí como para que le pongas las manos encima."

Un Modelo Rudimentario

Para llegar a entender por qué hacemos las cosas que hacemos – por qué nos sentimos obligados a actuar de determinadas maneras, con ira, lujuria o codicia – necesitamos la guía de un modelo de trabajo. El que mejor se ajusta al Yoga, el Zen, el Daoísmo, o cualquier obra alquímica moderna es el modelo desarrollado por Carl Jung.

En la antigüedad, los variados instintos de comportamiento humanos eran atribuidos a todo un consorcio de divinidades representadas en la psique y, por tanto, en el arte, en una variedad de formas: humanas, animales, vegetales, geométricas, y en determinados objetos representativos. El instinto maternal, por ejemplo, podría ser representado por la diosa Deméter, por un Tigre como es el tótem animal de Kali; mediante unos tallos de trigo; por un triángulo invertido; por una copa "uterina", y así en adelante.

Los fenómenos naturales como el viento, el sol, la lluvia y los terremotos, se los puede considerar como controlados por la divinidad, pero éstos generalmente no influencian la psique.

En cuanto al comportamiento humano, en un grado o en otro, la mayoría de la gente cree que seres divinos ejercen su voluntad sobre el individuo, y que si la voluntad divina ha de ser alterada, el dios debe ser aplacado con oraciones o sacrificios. El doctor Jung estudió las religiones y mitologías del mundo y seleccionó un grupo de "dioses arquetípicos" que representaban los instintos básicos de supervivencia.

Mircea Eliade trata las dinámicas psicológicas tal como Patanjali se refiere a ellas, y resulta obvio que el sistema de Patanjali encaja perfectamente con el modelo propuesto por Jung.

La consciencia del hombre iluminado reconoce los hechos por lo que son – y explora verdades más profundas y universales. De la misma manera, al hombre que se está esforzando por alcanzar la libertad sin ataduras de la iluminación se le requiere sondear los pensamientos turbulentos e impulsos (vrittis) de su mente para alcanzar las fuentes intintivas (vasanas) de la confusión.

Vrittis, el término Sánscrito que indica este contenido emocional, está relacionado con la palabra inglesa "writhe" (retorcimiento) o "whirl" (remolino). La traducción habitual del término Sánscrito es "torbellinos" lo que describe este enturbiamiento de la mente, este bullicio de energía que se creado químicamente por hormonas y otras sustancias liberadas en el torrente sanguíneo por los poderosos instintos o arquetipos.

Estas emociones presionan al ego, y frecuentemente, si el impulso es fuerte o el ego débil, demolerán cualquier contención ética o social. Entonces las fuerzas arquetípicas se proyectan sobre personas, lugares o cosas que actúan como receptáculos convenientes para contenidos que más bien pertenecen al individuo que las proyecta. El receptor, entonces, puede ser un objeto de amor o un atractivo chivo expiatorio. El objeto del yoga consiste en destruir estos lazos emocionales, para calmar los pensamientos turbulentos, y entonces contener e integrar los instintos. "Ahora, esta destrucción no puede llevarse a cabo," escribe el Profesor Eliade, "a no ser que uno comience a conocer experimentalmente, por así decirlo, la estructura, el origen, y la intensidad de lo que está condenado a la destrucción." El trabajo, entonces, comienza por adquirir cierta familiaridad con un modelo psicológico. Para nuestro simple modelo hemos considerado nueve de estos instintos básicos.

1. La Naturaleza de Buda, el Sí-Mismo, o el Dios de dioses. Este es el instinto preeminente que se esfuerza siempre en convertir el caos en el cosmos. Siendo también el receptáculo de la mente, por sí mismo, tiene conocimiento de nuestros pensamientos así como de nuestras acciones. Nuestra mente consciente puede olvidar muchas cosas; el Sí-Mismo no olvida nada. El ego, entonces, está hecho a la "imagen" del Sí-Mismo en tanto en que se esfuerza en organizar el caos del mundo material en un cosmos manejable y limitado. (En un estado espiritual más avanzado este arquetipo subsumirá el ego del meditador – primero en una experiencia de Satori, y más adelante como un reflejo del tiempo del meditador en el Vacío.)

2. La Madre - el Hijo proyecta este instinto sobre la Madre. El instinto dispara el reflejo de chupar y la habilidad de aferrarse del infante. (Los bebés recién nacidos tienen una habilidad peculiar para agarrar cosas.)

3. El Hijo - la Madre proyecta este instinto sobre el Hijo. Ella le da leche y atiende amorosamente las necesidades del hijo.

4. La Sombra – el instinto social que actúa como una "moneda" con dos caras opuestas:

a. La Sombra Amiga que permite la auto-preservación positiva mediante el amigo, "el sistema de compañerismo," el confidente, o el grupo, como el instinto de formar alianzas, multitudes o pandillas por seguridad y para obtener un mayor fondo genético;

b. La Sombra Enemiga permite la auto-preservación negativa por medio del instinto destructivo de matar a aquellos que amenazan, o subyugar a aquellos que son percibidos como inferiores o incluso subhumanos.

5. El Héroe. Este es el instinto de cuatro fases que se corresponde con las cuatro fases básicas del desarrollo.

a. El Embaucador: quien asegura al niño que sus errores y fallos serán olvidados.

b. El Superhombre: quien inspira el desarrollo físico durante la pre-adolescencia.

c. El Humano: quien inspira el desarrollo cultural en el joven adulto.

d. El Salvador: quien fija el estándar para la coexistencia pacífica, instruye generalmente mediante ejemplos maduros, e inspira al individuo espiritual a convertirse en un conducto hacia la divinidad. (En un estado espiritual más avanzado, este arquetipo subsumirá el ego del meditador.)

6. Anima en los hombres/Animus en las mujeres. El instinto reproductivo del "amor sexual". (En un estado espiritual más avanzado, este arquetipo subsumirá el ego del meditador en una "Unión de los Opuestos" mysterium coniunctionis, o la experiencia de Bodhisattva.)

7. La Persona. El instinto de conformar la conducta social o profesional a los estándares aceptados.

8. El Cazador. El instinto de perseguir y acechar que minimiza la necesidad de alimento, bebida, y descanso y mantiene la atención concentrada en la presa.

9. La Transformación. El instinto del logro espiritual.

Para ver cómo estos instintos facilitaban la supervivencia, nos podemos imaginar el ciclo de vida de un niño nacido en cualquier lugar del mundo en el 5,000 A.C.

En el momento en el que nace el bebé experimenta un mundo caótico de placeres, dolores, visiones, sonidos, olores, sabores y texturas. El opuesto del caos es el cosmos; y el bebé debe crear orden a partir del desorden.

Mientras emerge su consciencia, comienza a reconocer la cara, voz y fragancia de su madre. Sabe que ella satisface su hambre, le mantiene caliente y limpio, y le conforta. El apego a su madre es un vínculo que no se puede cortar fácilmente. Ha proyectado un arquetipo – la diosa Madre – sobre ella, y él es su ferviente devoto.

La madre proyecta el Hijo sobre su bebé. Las hormonas provocan la lactancia y la hacen que mantenga su atención sobre él. El bebé despertará tiernos sentimientos de amor y protección sobre ella, sentimientos que la harán tolerar comportamientos que de otra manera serían insoportables. La naturaleza mantiene a los adultos esclavos de la ternura. El niño chilla, gime, huele mal, y roba a otros su sueño y la atención de la madre; pero cuando balbucea y se ríe, resulta totalmente adorable y es perdonado automáticamente.

Según va creciendo el niño, es capaz de identificar individuos y determinar lo placentero de lo desagradable. Aprende a comunicarse y a desplazarse. También desarrolla un ego – una sensación continua de identidad. Puede pensar y darse cuenta de que es la misma persona hoy que la que era ayer y será mañana. Asociaciones de todo tipo se adhieren a su ego y las puede recordar y clasificar de acuerdo a cómo le afectan.

Pero entonces su mundo se ve trastocado. La madre tiene un nuevo bebé y se ve empujado a un lado para unirse a los otros miembros "ordinarios" de la familia – sus padres y hermanos. Ya no es más el centro de la atención de su madre. Ahora tiene que adquirir habilidades sociales para interactuar con el resto de su familia. También tienen que enseñarle a tener miedo de cosas como el fuego y las criaturas peligrosas, incluyendo, por supuesto, a los enemigos de su familia o clan. El currículum entero es tan difícil de dominar que sus padres deben ser pacientes y tranquilizarle constantemente. Se ve alentado por heroicas historias de animales "embaucadores" de Loki, el antiguo equivalente de Bugs Bunny.

Proyecta el instinto de la Sombra Amiga sobre sus padres y hermanos. Ellos constituyen su grupo de apoyo (la primera 'Manada') y compartirán comida y refugio con él y le cuidarán cuando esté enfermo o herido. La familia se expandirá hasta el resto del grupo, el clan, la tribu, o la nación.

La Sombra Enemiga actúa como un repositorio para cada injuria, psicológica o física, que el niño experimenta o para las muchas historias de "horror" que le cuentan sobre los enemigos de su grupo. El rechazo, el insulto, el abandono, la intimidación, el miedo, y una variedad de experiencias dolorosas pueden ser demasiado para su ego en desarrollo como para contenerlo; y el daño se traslada hasta un alter ego, la Sombra Enemiga. La función destinada a la supervivencia de este arquetipo consiste en proporcionar la suficiente energía e ira a una persona como para defenderse a sí mismo o a aquellos que tiene a su cargo con toda la fuerza necesaria. La estrategia del arquetipo consiste en deshumanizar a la persona sobre la que se ha proyectado. Cuando estamos enfadados con alguien le llamamos rata, serpiente, mofeta, piojo... animales que nos roban la comida o ensucian nuestra morada y, por tanto, pueden ser eliminados con impunidad. También elegimos animales que encontramos repugnantes o que exhiben comportamientos que consideramos cuestionables en humanos. Nadie llamaría a su enemigo un petirrojo o un león. Se trata de un buitre o una comadreja.

Cuando el niño alcanza los siete u ocho años de edad, es la hora de que adquiera las habilidades necesarias para mantener a la familia. Debe aprender a cazar, pescar y luchar. Para esto necesita héroes inspiradores y sobrehumanos a emular. Su familia y amigos le relatan maravillosas historias de héroes que generalmente son medio-humanos y medio-dioses y poseen habilidades sobrehumanas. Él y sus amigos intentarán nadar tan rápido como Namor el hombre submarino y desarrollar la fuerza de Superman, y demás. Sus juegos se vuelven una competición con sus amigos para ver quién posee las mejores habilidades para la supervivencia. Cuando se va de aventura, cuenta con un mejor amigo para que actúe como su compañero de "seguridad".

Más o menos cuando el niño alcanza la edad de trece años descubre el encanto de las chicas. Ahora se encuentra en el momento más incómodo de su vida porque la presión de su grupo está al máximo y las hormonas liberadas por su Anima le confundirán. Su voz se volverá más grave y le aparecerán espinillas en la cara justo cuando sobre todas las cosas desea resultar deseable. Si proyecta este instinto de la Diosa sobre una chica concreta, pensará en poco más salvo en amarla y ser amada por ella.

El niño rápidamente comprueba quiénes son los varones "heroicos" que tienen éxito con las chicas – aquellos que destacan debido a su prominencia social, belleza, riqueza, talento artístico, habilidad atlética, destreza militar, o inteligencia. Sus héroes son ahora héroes humanos. A no ser que haya nacido príncipe o tenga el aspecto de una estrella de Hollywood, sabe que necesita destacar en una de estas categorías para que se fijen en él. Y ahora practica o estudia en serio. También comienza a lucir sus habilidades.

Para tener éxito en sus ambiciones sociales – tanto si consisten en destacar en las artes o en los negocios, necesita cultivar la personalidad apropiada - la "forma gentil" de cualquier esfuerzo. También necesita aprender a interactuar con los adultos de forma respetuosa... los padres de sus amigos, profesores, líderes de la comunidad. Puede adquirir varias personalidades distintas – una para el hogar, una para la escuela, una para sus amigos, y así en adelante.

El hombre joven debe ser un proveedor de comida si desea casarse y tener su propia familia. Ritualmente, se prepara para la caza. Al comenzar la persecución, proyecta el arquetipo del Cazador sobre la presa, precipitando la liberación de unas poderosas hormonas. Ahora se centra en su presa excluyendo todas las demás consideraciones. Tiene que ser capaz de mantener esta concentración puntual durante varios días seguidos mientras persigue a un animal hasta un lugar donde no tan sólo pueda matarlo, sino también llevar la carne de vuelta al campamento o al hogar. (Los cazadores entran en una zona meditativa extraordinaria.)

Frecuentemente cuando una persona ha cumplido su destino biológico comienza a cuestionarse el sentido de la vida. El mundo material ha perdido su atractivo. Se ha esforzado incesantemente para alcanzar el éxito – la admiración y el respeto de su familia y su grupo; e independientemente del grado en el que lo haya logrado, éste a su vez no ha conseguido proporcionarle ninguna satisfacción duradera.

El ego de cada hombre tiene una línea de partida de cualidades que las considera "dadas." Acepta estas cualidades como su "merecido" – y las da por supuestas. Sus ambiciones y sus derrotas comienzan a partir de esta línea base personal. Si ha nacido rico, los pobres pueden envidiarle, pero él toma su riqueza como un asunto de oficio; y aunque pueda envidiar a aquellos que poseen más riqueza o pedigrí, tan sólo desea expandir sus activos como una prueba de su propia visión para las finanzas. El también tiene sus ansiedades y apuros financieros. Y si nace con una gran mente y una fina educación, los hombres corrientes asentirán maravillados ante su genio, pero él se asocia con aquellos de su misma brillantez y sufre con sus fracasos para resolver los más notables retos de la ciencia. En lo doméstico, quizás tiene una suegra dominante, una mujer que le considera incapaz, hijos desagradecidos, pérfidos amigos, y así a través de las normales vicisitudes de la vida. Las ventajas en la vida no le aíslan de la infelicidad ni se la inoculan. Los ricos, los listos, y los guapos no son ni más ni menos felices que los demás.

Está en la naturaleza del ego el no ser satisfecho jamás. Estos deseos tan profundamente arraigados deben ser incinerados, "quemados," insiste el yogi. Pero, aunque un yogi puede atestiguar que el calor generado por la experiencia Kundalini es un calor tórrido, sabe con certeza que para que el calor consuma las raíces del deseo, debe tener lugar una completa transformación de la actitud y la acción. Se debe experimentar una revolución en la psique. Y es aquí donde los dioses de la Chimenea y la Fragua, el caldero y el crisol, entran dentro de la Obra. (Iconográficamente, el Chakra Manipura (plexo Solar) tiene en su interior un caldero estilizado. El fuego generado en la base de la columna provee el calor necesario para el caldero.)

Todos los sistemas Zen, Hindúes, Daoístas, Sufies, Alquímicos, y demás, tienen en cuenta este proceso vital de incineración.

La transformación de la psique es dolorosa frecuentemente. No es una tarea fácil retirar nuestras proyecciones de las personas, lugares, y objetos del mundo, y entonces debilitarlos lo suficiente como para que no obstaculicen nuestra búsqueda del "Morir al Sí-Mismo" o "Matar al idiota" y prepararnos a nosotros mismos para la gran aventura del Yoga.

A lo largo de la vida, nosotros pecamos y nos cometen pecados. Estos instintos aparecen, se incrementan, se nivelan, y decaen de acuerdo con la necesidad biológica. El mayor problema en la vida se crea cuando esta progresión natural se desbarata y nos vemos impedidos para madurar normalmente.

Generalmente no somos conscientes de cualquier problema hasta que somos adultos y el ciclo vital se supone que se repetirá de nuevo. Así, un hombre se casa y todo parece haber seguido el programa, pero muestra una preocupación exagerada por el bienestar de su madre – causando gran consternación a su mujer. La esposa, igualmente, puede ser incapaz de gobernar el hogar sin recibir continuo y detallado consejo de su madre, causando la irritación de su marido. Tales lazos maternales evidencian un desarrollo atrofiado. Algunos de estos individuos no tienen "amigos íntimos y personales" – por eso están tan completamente ligados a sus madres. Pueden tener relaciones esporádicas o cónyuges, pero tan sólo confían sus experiencias y pensamientos más profundos a sus madres.

Algunas personas pueden tener su desarrollo anquilosado en el nivel de la "Sombra". Un hombre puede casarse y ser incapaz de abandonar a sus amigos, encontrando algo que hacer con ellos casi todas las noches de la semana. Generalmente, el alcohol y el visionado de deportes son integrales en la actividad de este grupo. A este hombre no se le impide tener hijos; pero psicológicamente no es más capaz de ser un buen padre que de ser un buen marido.

Una mala conducta de los padres o compañeros de escuela intimidatorios tienen también el esperado efecto perjudicial sobre los niños. La función de la Sombra Enemiga es la de proteger a un individuo contra el ataque o su amenaza; y cuando el niño es incapaz de tomar represalias contra su atacante, la Sombra no se disipa: almacena la ira y la frustración en un almacén de hostilidad que probablemente explotará durante toda una vida de beligerancia o cualquier otro comportamiento antisocial. La Sombra puede contaminar cualquier relación, y los problemas serios deben ser resueltos con ayuda profesional antes de comenzar un programa espiritual con tenacidad. La religión ayuda – pero no es psicoterapia.

En términos de la Psicología Jungiana del Subconsciente, "Desprenderse a uno mismo del mundo" es otra manera de decir "contrarrestar los imperativos instintivos" y entonces, "integrar los arquetipos" lo que consiste en experimentar, durante el estado meditativo, la subsumación del ego por los arquetipos Trinitarios (Sí-Mismo, Anima/Animus; Madre/Hijo) y entonces, al término de la Obra, vivir del modo sin pretensiones y lleno de gracia del "hombre a través del cual el Dao fluye libremente."

Lo Real y lo Irreal

En el texto de Eliade sobre los aforismos de Patanjali el mundo material se presenta como ilusorio. Las palabras son diferentes a las que estamos acostumbrados en el Zen, pero el mensaje es el mismo. Mientras el Zen define como real y verdadero lo que es eterno, inmutable, universal, e incondicionado y lo ilusorio como lo que es temporal, cambiante, localizado, y sujeto a condiciones, el yoga de Patanjali, como puntualiza Eliade, establece diferencias similares entre el Ser y el Convertirse. El Ser es lo real y "El Ser no puede mantener ninguna relación con el no-ser. Ahora," continúa, "la Naturaleza no tiene una auténtica realidad ontológica; es, en efecto, un proceso universal de conversión... Lo que se convierte, se transforma, muere y desaparece [y] no es parte de la esfera del ser."

Con independencia del argumento ofrecido, el hecho que permanece es que se reconocen dos modalidades de existencia: el mundo material profano del samsara y el mundo sagrado del nirvana. Los objetivos del yogi consisten en devaluar el primero y acceder al segundo.

De acuerdo con las Cuatro Nobles Verdades del Budismo, la vida en el mundo del samsara es "amarga y dolorosa." Este, entonces, es nuestro infierno. El hombre o la mujer que se embarcan en este viaje hacia el interior deben de hecho "morir para el mundo." Tendrá una nueva vida, una que no puede sustentar lazos personales. No puede preocuparse por las personas en su vida de una manera que requiera una respuesta emocional o interferencia. No puede inmiscuirse en las vidas de los demás y no puede permitir a los demás que se inmiscuyan en la suya. Esto debe ser entendido claramente; y pese a lo imposible que parezca al principio de su viaje, con diligencia adquirirá esta independencia.

El Profesor Eliade subraya que este desapego emocional debe lograrse si una persona aspira alcanzar la Libertad. Debe desarrollar un escudo psicológico impermeable contra tanto la adversidad como la prosperidad, es decir, no encontrar ni dolor ni placer en las condiciones externas y al mismo tiempo descubrir todas las condiciones como satisfactorias bajo las cuales poder vivir.

El hombre que busca no deja de sentir, en su lugar templa su cariño de manera que si se ve enfrentado a la adversidad, pueda responder de cualquier manera que le permita su libertad. Ningún trabajo honesto está por debajo de él. No echa culpas ni da reconocimiento. No tiene "amigos"; simplemente es amigable con todos. Recuerda que el ego es parte del mundo material de la ilusión; una ilusión que, como todas las demás, debe ser disipada.

En el mundo del Espíritu, comienza como meramente un "participante en la corriente" y no tiene ninguna idea acerca de lo profundo del agua, la fuerza de la corriente, o lo lejos que está la otra orilla.

Colibrí