Zen y las Artes Marciales

Inicio » Asalto a la Cumbre » Introducción

Introducción

La Paciente Búsqueda

"La ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia" es una de esas verdades que tienen una sorprendente aplicación universal. En lenguaje tosco o refinado, a través de la historia e indudablemente antes de que cualquier evento fuera siquiera registrado, en todas partes esta máxima ha supuesto un acicate ante la desesperación de los buscadores.

De esa manera, el desilusionado alquimista del metal, como igualmente hicieron muchos otros, se dijo a sí mismo cada noche, "Simplemente el que aún no lo haya encontrado no quiere decir que no lo vaya a encontrar pronto." No se daba cuenta de que trabajaba con la misma futilidad que todos aquellos que pretendían transformar el metal común en oro.

El alquimista del espíritu se enfrenta a otro tipo de problemas. Habiéndose separado ya de la sociedad de los hombres, en su aislamiento, ambicionaba establecer una conexión particularmente difícil: aspiraba a emparejarse con la divinidad. Pero ¿en qué consistía dicha experiencia? Y ¿cómo podía determinar las etapas del progreso que le llevaría a ella? Podría haber sido de ayuda el conocer qué estaba buscando.

En algunas ocasiones lo que estaba buscando le encontraba a él primero. Experimentaba una epifanía, un acontecimiento espontáneo para el que nunca reconocería haber estado totalmente preparado. La realidad del evento era tan diferente de su descripción como una nomenclatura de formulación lo es del propio compuesto químico, o una receta impresa del plato cuya preparación describe. En los estados alterados de consciencia, se presentan unas tremendas experiencias con una cierta precariedad de palabras, al involucrar, obviamente, áreas de sensitividad que eluden el vocabulario verbal del celebro. En la vida del espíritu, él era como una virgen ingenua; y nada podría haberle preparado para el lecho conyugal.

En todos los programas espirituales avanzados esta falta de familiaridad con el objetivo que se persigue resulta problemática. Encontrar algo que se ha perdido implica reconocerlo inmediatamente - de hecho, el poder describirlo con todo detalle permite a una persona establecer su propiedad; pero cuando el premio proclamado todavía le es desconocido, nunca puede estar seguro de que lo que ha encontrado es aquello que estaba buscando.

Y entonces, también existe el peligro de ser engañado por las afirmaciones de personas que, pese a no haber alcanzado el objetivo, se sienten obligados de todas maneras a opinar con autoridad sobre ello. El entusiasmo natural de un buscador tiende a amplificar la relevancia de una experiencia o a confundirla; y si no se ha escapado de la influencia de esas arrogantes discusiones, puede, en aquellos momentos en que baje la guardia o esté demasiado ansioso por el éxito, inclinarse a pensar que ha alcanzado cierto grado de logro.

Pero el auténtico buscador – y aquí no estamos interesados en ningún otro – al poco tiempo someterá su experiencia al más sobrio juicio de la intuición y, conteniendo sus esperanzas y su decepción, regresará al punto en el que cometió el error de haber marcado un camino que no llevaba a ninguna parte. Como se lo guardó para sí mismo, evitará el apuro de haber transmitido una falsa información. Simplemente suspirará y continuará en silencio con sus esfuerzos. Mañana será otro día.

El auténtico buscador entenderá lo masoquista que fue declarar que había alcanzado algo precioso cuando, en el mejor de los casos, era de dudoso valor.

Pues se trataba del falso oro del alquimista espiritual.

¿Quién está capacitado?

Muchas excentricidades acerca de la experiencia religiosa nos han llamado largamente la atención. La afirmación paradójica de Lao Tzu de que Aquellos que saben no hablan y aquellos que hablan no saben es quizás la rareza más famosa. La vida mística va aún más allá en cuanto a contrariedades e ironía. Pues resulta un hecho peculiar que aquellos que han alcanzado la cima espiritual saben que todas las religiones son igualmente capaces de proporcionar a los escaladores las herramientas para alcanzar ese único punto elevado, mientras que los estrategas de butaca, quienes nunca han visto la montaña salvo a través de unos prismáticos, insisten en que su religión y sólo su religión puede llevar a un escalador a la cima.

También descubrimos con frecuencia que un exitoso místico abandonó el Camino de su religión original para seguir otro. La razón del cambio, reconoce, se debe a que le fueron proporcionadas unas técnicas de escalada demasiado pronto, mucho antes de haber estado lo suficientemente maduro espiritualmente como para tener éxito usándolas. Entonces, tal como exige la naturaleza humana no iluminada, achacó el fracaso a las técnicas para después extender la culpa a la propia religión. ¿Como podría cualquiera proceder contando con unos dogmas tan imperfectos, un clero tan hipócrita, unos feligreses tan ingenuos, o unos métodos tan simplistas? Y de esa manera se fue, cruzándose por el camino con otro inconformista procedente de la religión a la que se dirigía, para convertirse a la suya – y por idénticas razones.

Ninguna religión puede llevar a una persona hasta la cumbre mística si dicha persona ni siquiera se encuentra preparada para acercarse al campamento base. Hasta que no complete un periodo de desilusión y de ansiedad cual "fantasma hambriento" – y finalmente adquiera una actitud humilde y madura, estará lo suficiente listo como para escalar con convicción. No será hasta que alcance la cima cuando pueda reflexionar sobre sus propias exigencias inmaduras y la imposibilidad de cualquier religión de acceder a ellas en el momento en el que las afirmó tan impertinentemente. Entonces podrá apreciar el antiguo dicho, "Cuando el discípulo está preparado, el Gurú aparece." Pero no hasta entonces.

El experto místico o el alquimista espiritual mantienen una estrecha relación con el mysterium coniunctionis y, como tal, conoce íntimamente a las personas del drama divino. Alcanza a comprender los rasgos comunes de los profetas, santos y personas de la Trinidad – Buda, Futuro Buda y Salvador, sean cuales sean los nombres por los que son conocidos – que pueblan los recintos celestiales del mundo real; y sabe que pese a las diferentes representaciones de sus formas terrestres, su carácter heroico, amoroso y piadoso se preserva uniformemente.

Entiende que el Reino de Dios se encuentra dentro de cada persona – una dotación genética de la que toda la humanidad es heredera pero de la que sólo unos pocos son beneficiarios.

Independientemente de si un escalador permanece con su religión original o sustituye a otra, usará métodos similares de meditación, control de la respiración, mantras, yantras, canto, baile, oración, y demás, para asistirle en su avance; pues estas técnicas varían muy poco entre religiones.

Las escrituras, también, son fundamentalmente las mismas. Los lenguajes pueden diferir, pero los mensajes son éticamente similares, proscribiendo el asesinato, la mentira, la licenciosidad, el robo, la intoxicación, y todas aquellas maneras de comportamiento antisocial. Sin embargo, frecuentemente, para cuando una persona está motivada a seguir la senda mística, los escritos sagrados de la religión han llevado a cabo su trabajo civilizante y para él permanecen como una fuente de belleza lírica y sabiduría acerca de la cual puede meditar.

En la distancia, en conflicto doctrinal, claman los múltiples fanáticos, ondeando sus escrituras y levantando polémicas acerca de los chismes y las pizcas que los separan. Pero en las laderas no se encuentran tales diferencias. Los místicos y alquimistas espirituales nunca discuten y de hecho tomarán prestada y apreciarán la poesía y los peanes de los demás.

Desde el principio debe hacerse hincapié en que pese a las otras muchas montañas que hay, aquella de la que estamos hablando aquí se escala únicamente por un Camino de celibato. Esta decisión de vivir una vida espiritualmente soltera – independientemente de compromisos matrimoniales y siendo respetuoso con el compromiso matrimonial – debe hacerse antes de que el viaje comience, pues inmediatamente mientras el escalador se prepara para el campamento base, se enfrenta con una serie de directivas; y su primer reto consiste en elegir la correcta. El auténtico camino se volverá más estrecho y empinado con espacio para un solo escalador al mismo tiempo.

El lenguaje de la espiritualidad no es el lenguaje de la religión. Se utilizan las mismas palabras, pero sus significados son diferentes; y sus términos no son intercambiables. Los matices espirituales deben ser aprendidos para que las sutiles seducciones de otros caminos que emplean la adoración al gurú, drogas y prácticas sexuales puedan ser reconocidas y evitadas.

La perdición en la vida de cualquier principiante es la falta de una guía fiable. Si busca el consejo de aquellos que sólo poseen autoridad eclesiástica, probablemente incrementará su confusión. Sólo la experiencia mística puede responder preguntas de significado místico; y rara vez los místicos se interesan por ocupar posiciones de importancia jerárquica.

Si depende de los relatos de personas consideradas como conocedoras por otras personas las cuales tampoco conocen por ellas mismas, seguramente no estará mucho mejor.

Las narraciones autoritativas generalmente están escritas en un idioma antiguo o extranjero; y el aspirante no experimentado se tiene que enfrentar con las conjeturas del traductor acerca del significado de términos que hacen referencia a estados místicos que el propio traductor no llega a comprender. E incluso peor, generalmente el trabajo de traducción sigue un propósito, y para hacer que la definición se ajuste a dicha intención, los significados pueden ser alterados.

Junto con este problema están los lenguajes "crepusculares" que describen al iniciado – mientras confunden a todos los demás – cualquier aspecto esotérico del proceso espiritual. La anatomía espiritual viene entremezclada con la anatomía fisiológica. La literatura trata a los chakras como si fueran engranajes en la columna espinal. La fuerza se distribuye a lo largo de una serie de canales que no corresponden con ningún nervio o sistema vascular conocido. En las prácticas espirituales complejas de la Alquimia; Yoga Kundalini; Cábala; Orbitas Microcósmicas; y otros sistemas similares de circulación interna de la energía, las metodologías y los puntos de referencia para la ruta se dan en términos crípticos relacionados con la astrología, mitología, numerología, direcciones mundiales, metalurgia medieval, y botánica y zoología fantástica – la mayoría de las cuales son reliquias de vocabularios pseudocientíficos que resultan irrelevantes hoy en día.

Debido a que la constancia de un único vocabulario resulta vital, nuestro comentario se ajustará esencialmente a la versión Inglesa de los términos empleados en los antigüos escritos del Saivismo Kashmir y del texto que es el común denominador de muchos productos místicos: los Aforismos de Patanjali – y al esclarecedor análisis del Profesor Mircea Elijade de la obra de Patanjali. También nos referiremos a los trabajos de Carl Jung, Vivekananda, y otros pocos autores significativos.

Un esbozo no es una guía ni un mapa; pero puede servir como una especie de altímetro que nos permita medir el cada vez más enrarecido aire que respiramos, nuestra mejor indicación de progreso.

La vida religiosa se hace notar en el arte y la arquitectura, en la literatura y en leyendas – iconos y biografías de santos destinadas a inspirar. Los místicos describen a las personas divinas; y los artistas, quienes pueden o no haber tenido una visión por ellos mismos, se esfuerzan en reproducir o registrar las características relevantes.

Pero la vida espiritual no deja huella. Aquel que completa la búsqueda con éxito no deja ninguna marca detrás suyo, y un rastreador que intente seguirle se esforzará en vano buscando pistas. Independientemente de las muchas circunstancias que le requieran al místico interactuar con otras personas en el mundo material, en sus meditaciones es un espíritu solitario.

Y de esa manera, al final de cada laboriosa jornada, suspira. Ese día no se pudo encontrar con su amado divino.

Sin desanimarse, suspira de nuevo. La ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia.

La Elección del Líder

El Profesor Eliade inicia sus comentarios autoritativos acerca de los famosos aforismos de Patanjali con un significativo relato: A mediados del siglo dieciocho, una historia acerca de cierto yoghi de nombre Haridas asombró al mundo académico. En los sótanos de una residencia real en Lahore, Haridas fue enterrado vivo durante cuarenta días. Soldados del Maharajá Ranjit Singh vigilaron la tumba día y noche; y, al término de los cuarenta días, Haridas fue desenterrado. Después de un ligero masaje y algo de reanimación boca-a-boca, recuperó totalmente la consciencia.

Aunque Eliade no puede verificar este relato concreto, indirectamente hace referencia a las muchas otras misteriosas y extrañas hazañas que realizan los yoghis con curiosa regularidad. Su argumento, sin embargo, es que Haridas difícilmente poseía una naturaleza espiritual. Conocido por ser moralmente muy deficiente –por cuya carencia se vio obligado a buscar refugio con su mujer en las regiones menos accesibles de su montañoso mundo, Haridas con el tiempo falleció – pues incluso los yoghis catalépticos deben hacerlo, y fue enterrado permanentemente, siguiendo la costumbre.

Inmediatamente, el Profesor ofrece su valoración definitiva acerca de la posibilidad de aprovecharse de las formas sagradas para fines profanos; y no deja la más mínima duda de que todos los poderes psíquicos atribuidos a los maestros como evidencia de su excelencia espiritual resultan bastante accesibles a los charlatanes. La tendencia que todos tenemos, por tanto, de dejarnos encantar por una persona que demuestra poderes extraordinarios, acreditándole con un grado similar de destreza espiritual, es una inclinación muy peligrosa.

Hay tanto que depende en lo que el narrador considera evidencia, en sus sofisticadas dudas o su ignorante credulidad, que nos quedamos preguntándonos cuánto de lo que hemos escuchado – o hemos visto por nosotros mismos – deberíamos creer.

Pero, después de todo, esta visión es la exterior. No tenemos conocimiento de la visión que se tiene desde el otro lado de los ojos a los que estamos mirando. Sólo el que posee tales poderes sabe si los ha adquirido casualmente a través de la ruta que atraviesa la sagrada montaña o si se ha esforzado para adquirirlos por poder y beneficio. En este último caso es un representante de la clase de Haridas.

El Camino Solitario

Patanjali ofrece su instrucción específicamente para aquellos con la intención de seguir el Camino "Diestro". No permite ninguna forma sexual "Zurda" de "cultivo dual" o cualquier otro tipo de prácticas sexuales en grupo o con una pareja. La persona que medita, medita a solas, venera a solas, y todos sus estudios y reflexiones se dirigen hacia el interior hacia la fuente espiritual y objeto de sus propias devociones solitarias.

Siglos atrás un hombre iniciaba la búsqueda al "adentrarse en el bosque" – un término que denotaba el cambio de su estatus como propietario de una vivienda por el de una vida de ascetismo, un vagabundo que mendigaba por cualquier tipo de comida que no pudiera conseguir libremente. Las Leyes de hoy en día prohíben este tipo de ocupación o vagabundeo. Incluso, un hombre que disfrute de salud y con educación puede escoger una vida de pobreza perfectamente; pero si, debido a ello, hace uso de recursos públicos o caritativos que han sido dispuestos para aquellos que no se pueden valer por sí mismos, ha dado un paso en la dirección equivocada.

Los imperativos de la "gran familia", una vez obedecidos siguiendo consideraciones empáticas, han degenerado en disputas al respecto del pago de los costes de los asilos para los ancianos padres, justo cuando la responsabilidad marital de un propietario ahora involucra más que una hipoteca pagada o anualidad. Los votos realizados en la ceremonia de la boda de "hasta que la muerte nos separe" no permiten el abandono del cónyuge por la causa de la auto-realización ni permite cualquier negligencia por ese mismo motivo. Después de décadas de responsabilidades domésticas, las preocupaciones y el trabajo, la pareja se merece disfrutar de la libertad que permite la jubilación viajando y recreándose – en la compañía de la pareja de toda una vida. Si tanto el marido como la mujer desean retirarse a una vida monástica, esta es una solución. Sin un consentimiento mutuo, las prácticas espirituales tienen que congeniarse con los acuerdos domésticos.

Todo practicante avanzado de la meditación conoce el éxtasis incomparable de la unión divina (samadhi); y sabe, por tanto, que el Camino está difícilmente desprovisto de gratificación sexual. Aparte de las relaciones matrimoniales, no hay lugar para una patente sexualidad.

El adepto espiritual puede llegar a adquirir muchos poderes, pero el que más va a atesorar es el indispensable poder que adquiere sobre sí mismo. Independientemente de sus circunstancias sociales, siempre busca ser un hombre independiente y auto-controlado.

Preparación

Los cimientos de un sistema de creencia tienen que ser medidos adecuadamente antes de que un practicante pueda construir una vida espiritual sobre ellos. Los Sutras del Yoga fueron apreciados con facilidad por los contemporáneos de Patanjali ya que la filosofía en los que estaban basados era aceptada y muy conocida por todos ellos. El escalador moderno necesita adquirir información acerca de esos fundamentos filosóficos – no para reemplazar su propia religión o sus creencias científicas, sino para ver cómo los variados ejercicios espirituales que lleva a cabo encajan en el programa antiguo. Con estas correlaciones puede medir su progreso con precisión.

Según el antiguo modelo, este conocimiento fundamental se predica en base a treinta y seis o treinta y siete principios de existencia (llamados tattvas), numerados, según el sistema que vamos a usar, de cero a treinta y siete - exclusive.

Los principios nirvánicos, tattvas #0 al #5, los cuales constituyen los estados espirituales puros de conciencia, se discutirán en la conclusión de la revisión del material, principios samsáricos. Ya que la consecución de estados espirituales es el objetivo de los Aforismos, constituirán el cuerpo de este trabajo.

Del tattva #6 al #36 están las descripciones de los treinta y un principios del mundo material según son comprendidos por los sentidos y entendidos por la mente. El significado y valor de las cosas y los estados de existencia en el mundo material son la provincia del samsara, el mundo del ego y de la ilusión.

Colibrí