Budismo Zen y Artes Marciales

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Un Relato Generalizado de la Creación

Los Tattvas

La lógica, por tanto, requiere que empecemos por el principio – o al menos lo más cerca que podemos llegar.

Imaginemos una línea numerada.... la abscisa o el eje X horizontal de una cuadrícula. En el medio tenemos el cero o el "origen" – a la izquierda del cero están los números negativos que llamaremos el Gran Vacío. Podemos ver esta parte negativa de la línea como la morada del Creador, o La Tierra de Todo el Ser. Este Uno creativo puede denominarse "Brahman" o "Jehovah" o cualquier otro nombre que el individuo prefiera.

En el sistema que empleamos aquí este "Uno" actúa como una pareja indivisible, el femenino Paravach y el masculino Paramashiva, que juntos crearon el universo. La pareja iniciará el proceso y entonces dejarán de interferir directamente. Ellos han entregado al Origen todo lo que constituye nuestra naturaleza espiritual y "el espíritu manifestado," es decir, el universo material tal como nos lo encontramos en nuestra existencia humana.

Este Uno o Pareja Divina sigue los dictados de su propia naturaleza: Poder (que es femenino) y la Ley que Obedece el Poder (que es masculina). En otras palabras, si tenemos la fórmula "Fuerza = masa x aceleración," entonces la fórmula "F=ma" es la ley masculina; pero la masa que acelera o la materia es el poder femenino. Obviamente, no podemos tener una sin la otra.

En el acto de la creación, la primera demostración de poder divino es el Sonido. Paravach (Vach, vox, voc, son palabras relacionadas, que aparecen en español como componentes morfológicos de "voz" "vocabulario" "vocal" etc.) crea el sonido vibrante después de haberse informado del mandato y ley de Paramashiva.

Según los Vedas (citados con posteridad en el Evangelio de San Juan) " En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios." Esto, en nuestro modelo, se lee, "En el principio existía Paravach, y Paravach estaba con Paramashiva, y Paravach era Paramashiva." Esta es la identidad divina. Paravach = Paravach/Paramashiva = Paramashiva.

No hay ninguna entidad maligna con la cual la divinidad compite o comparte el poder. En nuestra ignorancia podemos considerar el caos; pero tanto si entendemos algo como el cosmos o ignorantemente vemos caos, no podemos caracterizar ninguna parte del proceso como maligno. Lo que vemos como desorden no puede ser considerado más maligno que la maldad de los ingredientes sueltos y aún sin medir de una tarta.

En el Génesis y en otros lugares, encontramos declaraciones como, "Dios dijo, ‘Hágase la luz’ y la luz se hizo." La Palabra, al ser la proclamación de Su Voluntad (o Ley), es suficiente causa y efecto de aquello que existe. Para Dios (como Paravach y Paramashiva), pronunciar la palabra produce el efecto de lo que esa misma palabra representa. El Poder obedece las leyes.

Expresándolo con otras palabras, existía una autoridad latente y una fuerza. Cuando el mandato fue emitido, el poder estalló en luz. Primero el sonido, después la luz.

Experiencias extraordinarias de sonido y luz sirven como señales espirituales para aquellos que se encuentran en el Camino. Una persona puede despertarse en medio de la noche al escuchar un ruido extraño, como una trompeta distante, o el silbato de un tren que crece en intensidad hasta que el sonido, como una locomotora desbocada o un retumbante trueno, se vuelve palpable. La habitación temblará y los tímpanos de sus oídos parecerán estar a punto de estallar. Y entonces llega el silencio. Mira a su alrededor y comprueba que no se mueve nada y que ninguno de los que se encuentran cerca ha escuchado un sonido inusual. Este acontecimiento sigue un motivo anunciativo, denominado El Sagrado Nahd o Shabd. (No conozco a una sola persona que haya tenido experiencias místicas y que no escuchara ese tremendo, pero alucinante sonido.) Además, al comienzo de la obra espiritual una persona puede experimentar una luz increíblemente brillante y cegadora que le engulle la mente. La luz es tan deslumbrante y centelleante como el arco eléctrico de un soldador. Naturalmente, nadie más puede ver la luz; pero una vez la ha visto una persona, ésta cambia fundamentalmente. Hay otras señales de profundización en la experiencia espiritual,- diseños kalidoscópicos que llenan el campo espiritual cuando se está en profunda meditación o los sueños "arquetípicos" asombrosamente vívidos o "visiones" nocturnas en las que aparecen personas desconocidas pero inolvidables. Visiones, sonido y luz son las señales principales del progreso espiritual.

Volviendo a nuestra línea numerada, a la derecha del origen hay treinta y seis marcas. Según el antiguo modelo, el conocimiento fundamental accesible a los seres humanos se predica en base a treinta y seis principios de la existencia denominados tattvas.

Los seis primeros de estos principios (desde el cero hacia arriba pero sin incluir el #6) constituyen la realidad del mundo espiritual (Nirvana). Los otros treinta constituyen la ilusión del mundo material (Samsara).

Cuando el mundo espiritual se considera "Nirvánico" se dice que es real y verdadero y en consecuencia se define como eterno (fuera del tiempo), inmutable, universal, e incondicional. La definición para el mundo material es entonces "Samsárico" y se dice que es el opuesto de lo real y verdadero, es decir, ilusorio y falso ya que sucede en un tiempo continuamente en cambio, está en perpetuo movimiento, y varía, dependiendo de unas condiciones. La mente ordinaria, no-trascendente, en particular la consciencia del ego con todos sus pensamientos y sentimientos, es parte del mundo ilusorio.

Los Principios Samsáricos de la Existencia, por tanto, comienzan en el Tattva #6, Maya, el punto en el que el mundo espiritual origina el mundo material palpable, como en el motivo religioso en el que el espíritu se transforma en carne.

Desde el cero hacia arriba pero sin incluir el Tattva #6, encontramos los estados espiritualmente alterados de conciencia, incluyendo la intensa concentración aniquiladora del ego, la meditación y el samadhi, y después la entrada en la Trinidad Mahayana y encuentros con esa casta universal de personajes divinos que anteriormente sólo conocíamos gracias al arte de templos e iglesias: satori – una experiencia del Buda Amitabha; el enlace místico - el mysterium coniunctionis, la Unión de los Opuestos, o la experiencia del Bodhisattva andrógino; y el parto del "feto inmortal" que rápidamente se desarrolla como Maitreya o Miroku, el Buda Futuro. Estos seres se nos muestran en términos Jungianos como los arquetipos del "Sí Mismo"; el Anima/Animus; y el Niño/Héroe. El acto de realizarlos constituye la "Integración." En nuestro inconsciente colectivo, estos seres siempre se encuentran presentes en nosotros; pero sólo nos son conocidos a través de los estados trascendentales. Podemos encenderles incienso, cantar sus nombres, e inclinarnos ante ellos en nuestros templos, pero estos actos de culto son acciones externas del mundo material en las que nuestra conciencia del ego se centra hacia fuera en el mundo de la ilusión. No podremos llegar a conocerlos en sus recintos divinos, en la eterna realidad, hasta que nosotros – generalmente disgustados con el mundo material – nos esforzemos en invertir nuestra dirección y regresemos del mundo material de Maya al dominio espiritual. El acceder a estos seis estados trascendentales es lo que constituye la Obra Espiritual.

Por simplicidad, estos principio Nirvánicos, desde el cero hasta el seis - pero sin incluir este último - serán tratados posteriormente a la revisión de los treinta principios Samsáricos.

La lista de estos tattvas, sobre todo tomando en cuenta el estado de la ciencia en el siglo octavo, es un poco irritante de revisar; pero hay una buena razón para familiarizarnos con ellos. Específicamente, uno de los Ocho Miembros del Yoga es Pratyahara el cual requiere el dominio sobre los sentidos, que incluye tanto la supresión de cualquier sensación para permanecer insensible a los ruidos, olores, imágenes, etc. y al mismo tiempo evocar estímulos sensoriales cuando no estén presentes. Este control sensorial es una parte vital del régimen del yoga y ayuda a entender cómo los Tattvas admiten información sensorial. No hay ninguna necesidad de memorizar estos Tattvas. Tan solo resulta necesario habituarse a ellos.

Los Principios del Mundo Material

Principio #6 (Maya) representa ese punto en el que el Mundo Divino ordena la existencia del universo material. El mandato reverberante permanece dentro del ser vivo como un nexo con lo divino.

Maya puede entenderse como representando el signo del igual entre el mandato y lo que ha sigo ordenado; y también puede entenderse como la matriz del mundo material, pues todas las cosas materiales provienen del "vientre de Maya."

Maya inmediatamente disocia la existencia material en el "conocedor" (el sujeto) y lo "conocido" (el objeto). Esta conveniente separación nos permite, como sujetos conocedores, considerar la existencia material, incluyéndonos a nosotros mismos, como objetos conocidos.

Principio #7 (Purusha) es el espíritu individual de conexión del "conocedor." Es a través del Purusha cuando el individuo, en una experiencia trascendental de "inversión", inicia la escalada hacia la realidad Nirvánica. En lo que respecta al mundo material, es el "olvido del Sí-Mismo" inconsciente y el poder diferenciador del individuo. El Purusha tiene cinco principios de limitación subjetiva:

Principios #8, 9, 10, 11, y 12 (Kanchukas): Para que un objeto exista en el mundo material, éste tiene que ocupar un espacio y adoptar una posición o localización. El número 8 responde al "dónde" (Niyati).

Además debe existir en un momento específico. El número 9 responde al "cuándo" (Kaala)

Debe también tener características que puedan atraer la atención del conocedor. El número 10 cubre los atributos del interés (Raaga)..

El conocedor debe poseer la conciencia necesaria para poder disociarse a sí mismo de los objetos que le rodean, y adquirir conocimiento acerca de sí mismo como un ente separado y distinto de esos objetos. El número 11 representa este conocimiento (Avidyaa).

El conocedor debe poseer la habilidad de efectuar cambios en los objetos, incluido el cambio en sí mismo. Este cambio puede ser un crecimiento o una disminución – como en el conocimiento, o en los comestibles; o una creación o destrucción – como en la cosecha o la recolección, o la vida y la muerte. El número 12 representa la habilidad de creación o destrucción limitada, (Kalaa).

Principio #13 (Prakriti) es el estado cualitativo y el potencial emocional del contenido del mundo material, incluido el propio conocedor, que el conocedor puede llegar a experimentar. De acuerdo con su evaluación subjetiva, estos objetos pueden ser puros y no profanados por apegos emocionales (sattva); o pueden encontrarse en un estado que excita la emoción (rajas); o pueden estar en un estado que deprime la emoción (tamas).

Principios #14, 15, 16 Antahkarana (Buddhi, Ahamkara, Manas): Estas son todas las funciones de tanto el contenido consciente como el inconsciente de la mente. Para que el conocedor llegue a conocer necesita la habilidad de emitir juicios (Buddhi); mantener una conciencia continua de que es él quien está emitiendo esos juicios (Ahamkara); y poder llevar a cabo las funciones mentales asociadas con la imaginación, la memoria, el pensamiento, la asociación, etc., necesarias para una evaluación inteligente (Manas). También debe ser capaz de lidiar con las presiones instintivas y los impulsos obstinados que se generan en su propia psique.

Principios #17, 18, 19, 20, 21 (Buddhindriyas o Jnanendriyas) son las capacidades de percibir. Para ser capaz de percibir objetos en el mundo material, el conocedor debe poder adquirir información acerca de ellos a través de los sentidos del oído, tacto, vista, tacto y olfato. (Los términos Sánscritos para estos sentidos son: shravanendriya, sparshendriya, darshanendriya, rasanendriya, ghranendriya, respectivamente.)

Principios #22, 23, 24, 25, 26 (Tanmatras) Para que una persona pueda percibir objetos éstos deben contar con cualidades que sean perceptibles: sonido, textura y temperatura, luz y color, sabor, y olor. (Los términos Sánscritos para estas cualidades son: shabda-tanmatra, sparsha tanmatra, rupa tanmatra, rasa tanmatra, gandha tanmatra, respectivamente.)

Principios #27, 28, 29, 30, 31 (Karmendriyas): Para que una persona pueda adquirir información debe ser capaz de realizar ciertas actividades como comunicarse, manipular cosas, desplazarse; y mantener ciertas funciones corporales como la ingestión, digestión, asimilación y eliminación; y conseguir el descanso y el ejercicio que necesita. (Los términos Sánscritos para estas actividades son vach, hasta, pada, payu, upastha, respectivamente.)

Principios #32, 33, 34, 35, 36 (Bhutas) son los cinco estados físicos. Para que los objetos del mundo material puedan existir, éstos deben obedecer leyes ineludibles como las que rigen los vibrantes "cabellos de Shiva" – tanto si esas leyes definen las líneas de un campo de fuerza "etéreo" (Akasha); o describen un estado gaseoso (aereidad Vayu); o un estado de transformación (formatividad Agni); o un estado líquido (Ap); o un estado sólido (Prithivi).

Los centros de estos cinco últimos principios se conocen en Yoga como el campo vibrante de Vishuddha; el aire de Anahata; el fuego transformador – el corazón, la forja, o el sol de Manipura; el estado lunar, acuático de Svadhisthana; el estado sólido de la tierra de Muladhara, todos ellos formando parte de los cinco Chakras o ruedas de energía.

La psicología Jungiana nos describe el comportamiento instintivo que nos ayuda a manejar estos treinta tattvas del mundo material. Las fuerzas "arquetípicas" instintivas (ya descritas como seres espirituales) que proyectamos sobre las personas, lugares, y objetos del mundo material, deberán ser retirados e integrados en nuestra psique al mismo tiempo que invertimos nuestra orientación y penetramos en el principio #6, Maya, con la intención de entrar en la "otra" dimensión, el mundo real, los recintos sagrados.

Principos Nirvánicos

Principio #5 (Sad Vidya o Shuddha Vidya) es el auténtico estado meditativo. Podemos entrar en este estado espiritual mediante una experiencia espontánea; o siendo propulsados a través de la barrera debido a una experiencia muy estresante; o empleando uno de los muchos métodos meditativos que nos asisten en esta experiencia trascendental: mantra; yantra; música, danza; posturas; oración; escrituras; contemplación de un koan; control de la respiración; concentración en los canales psíquicos del interior del cuerpo – los meridianos o nadis; variadas construcciones mentales de formas y figuras; cualidades sensoriales; aniquilación del pensamiento; técnicas activas de imaginación, y otras muchas más.

No se trata de un estado de ensueño o paz. Tampoco es un estado en blanco en el que los pensamientos mueren y los objetos se diluyen en una especie de estado inoperativo. La respiración puede parecer que detiene y el cuerpo se mantiene inmóvil como una estatua, sin embargo la mente se encuentra en una tensión vibrante y dinámica. El tiempo se congela; y posteriormente el practicante no tendrá conciencia de cuánto tiempo ha permanecido en el estado meditativo. Puede ser traspasado por un diseño geométrico y repetitivo generado espontáneamente (un ganzfeld o campo uniforme) que llena su campo visual.

Generalmente, si se ha estado meditando con éxito sobre un objeto específico, el objeto se percibe en un estado glorificado, como si estuviera suspendido en el espacio, aislado y brillante. Tal objeto constituye una Forma Ideal Platónica, una que ha sido "guardada en el cielo." El efecto sobre el meditador es de una euforia aturdidora. En cualquier caso, el meditador experimenta esta "zona de otro mundo de fijeza trascendental " – es decir, su consciencia se ha expandido hacia un "más allá", un estado de conciencia elevada o alterada. El meditador es asediado por la certeza de que conoce íntimamente el objeto en todas sus facetas. Existe un método específico para acceder a una forma Platónica - que se dice fue empleada por no otro que Isaac Newton – que presentaremos en un capítulo posterior.

En Sánscrito, Sad Vidya significa conocimiento auténtico y Shuddha Vidya significa conocimiento puro.

Principio #4 (Ishvara Tattva) es el samadhi, un nivel más elevado en el que entra el meditador al abrirse paso a través de la zona meditativa hacia un estado de éxtasis o dicha orgásmica. Este es el estado ausente de visiones de la Unión Divina, el llamado "éxtasis divino" que consta de un periodo trémulo y prolongado (una hora o más) de arrebato orgásmico.

Ishvara es Divino, y no importa qué Dios de qué religión está manteniendo al meditador en el abrazo divino. Una persona que ha experimentado la unión con lo divino deja de ansiar la compañía sexual humana. Aunque el Tattva #5 puede haber sido suficiente para convertir la soledad involuntaria en el aislamiento voluntario, si tal transformación ha sido incompleta, alcanzar el Tattva #4 la completará.

Después de la experiencia, la persona ansía el aislamiento voluntariamente y por lo general tan sólo asistirá a funciones sociales debido al sentimiento del deber.

Principio #3 (Sadakhya o Sadashiva Tattva) es la famosa experiencia del Satori en la que el ego es extinguido y en su ausencia la Naturaleza de Buda o el "alma interior" se reconoce a sí misma como formando una Unidad con Dios. Es la experiencia aturdidora del "Yo soy esto" en la que se percibe el mundo con una claridad prístina. Generalmente, un sonido dotado de una naturaleza repetitiva atrapa la atención de la persona, y entonces se experimenta una peculiar sensación como si el cerebro se hubiera dado la vuelta dentro de la cabeza, mientras la conciencia del ego retrocede súbitamente hasta un punto en el que se desvanece en el horizonte. Y entonces durante aproximadamente cinco gloriosos segundos terrestres, en la completa ausencia del ego, los objetos circundantes son aprehendidos por la Naturaleza de Buda y se adquiere la sublime certeza de que todo en el mundo es precisamente como debería ser, absolutamente perfecto. Y entonces el cerebro se recupera y el ego regresa con una súbita aspiración, un "¡Ahhh!" de júbilo inimaginable.

En ocasiones la sensación del satori se experimenta como si la conciencia del ego fuera la luz de una vela que estuviera ardiendo en el "Tercer Ojo" de la frente; y entonces súbitamente una entidad situada en el "Centro Lunar" del cerebro, cerca de la nuca, apagara la vela. Y, con el obstáculo del ego extinguido para Su visión, la Naturaleza de Buda escudriña el entorno y percibe que todo es bueno y perfecto. Esta es una experiencia intelectual (no sexual) que puede mantener a una persona eufórica durante varios días o incluso semanas. Frecuentemente la persona farfulla incesantemente, repitiendo expresiones de asombro. (Esto se denomina Enfermedad Zen.)

Esta pérdida del yo, una rendición o "flujo del ego," tiene como resultado una actitud pura y amorosa denominada Kensho, la palabra Japonesa para referirse a la Kenosis. Es un estado radiante que puede continuar durante meses. El Kensho puede ser experimentado en menores estados de trascendencia; en ocasiones sucediendo espontáneamente en un entorno contrariamente mundano.

Este estado se denomina comúnmente Sadakya, el Ser, refiriéndose al Ser Divino. En términos Jungianos, la experiencia es la integración del Yo. Es la entrada inicial en la realidad de la Trinidad. En Zen nos referimos al triángulo divino con un triángulo rectángulo y decimos que hemos accedido al ángulo de 90 grados del Buda Amitabha (Luz Infinita) o, por Su otro nombre, el Buda Amitayus (Tiempo Infinito).

Principios #2 y 1 (Enlace Divino)

Los Tattva Shakti y Shiva generalmente se consideran juntos y constituyen el estado espiritual de la transexualidad, androginidad espiritual, un estado visionario en el que, durante la meditación profunda, el ego del meditador masculino es sometido por su Anima o Shakti Parvati. El ego de la meditadora femenina será sometido por su Animus o Shiva. Esta es la Experiencia del Bodhisattva que, en nuestro triángulo, ocuparía uno de los ángulos del triángulo… el de 45 o 60 grados.

Iconográficamente, este estado andrógino se representa de muchas formas. Puede ser una pareja de opuestos sexuales: Afrodita y Hermes; Shiva y su Shakti Parvati; Guan Yin y Avalokitesvara; etc. En la mitología, si este principio espiritual aparece como una pareja, generalmente no tienen hijos entre ellos. Zeus y Hera; Shiva y Parvati; Votan y Fricka; etc. Posteriores embellecimientos de estos mitos pueden, sin embargo, incluir una descendencia.

La pareja andrógina puede ser representada iconográficamente como una única entidad similar a la representación dual de Dionisio; o como el Bodhisattva Kwannon que se muestra enteramente maternal salvo por un pequeño bigote y barba; o puede ser el mismo individuo representado separadamente en Samantabhadra como un guerrero masculino y en Samantabhadri como una cortesana recatada; o como una de las numerosas representaciones alquímicas de tipo jeroglífico – un cuerpo con dos cabezas – una masculina y una femenina; o como un animal sexualmente ambiguo, pájaro, o planta. Por ejemplo, el conejo o la liebre se consideran criaturas de la luna; y cuando el sol se interpreta como masculino y la tierra como femenina, es el conejo lunar el que representa el estado andrógino. Como un pájaro, la paloma aparece como un símbolo de androginidad espiritual, resultando virtualmente imposible para el ojo no entrenado, en un principio, reconocer el género de la paloma. Como una planta, los bananos, creciendo habitualmente en pares, cuentan con troncos que se asemejan a una cadera abierta y flores fálicas que pueden ser interpretados como conteniendo la necesaria doble sexualidad integrada. En áreas no tropicales la violeta y el lirio representan este estado espiritual.

Los heraldos visionarios de la experiencia andrógina son los seres celestiales, ángeles o los cuatro Reyes Guardianes. Tres de los cuatro aparecen antes de la experiencia; y el cuarto, una figura exquisita de color negro antracita, aparece después de la experiencia.

Durante la consecución de los Tattvas 2 y 1, Shakti y Shiva, la persona experimenta una transición hacia una meditación visual denominada el estado Krama. Las primeras semanas de esta experiencia son virtualmente un continuo éxtasis orgásmico, un arrebato o delirio que no tiene equivalente en el mundo samsárico. Sin embargo, si suena el teléfono, el meditador inmediatamente recupera la conciencia samsárica y calmadamente responde a la llamada de una manera enteramente racional. Pero nada más concluir su conversación, se sumirá de nuevo en ese estado de júbilo. La intensidad pasional de este estado aniquilador de la mente le hará quemar una considerable cantidad de calorías... simplemente estando ahí sentado en éxtasis, haciendo absolutamente nada.

Varias semanas después, sin embargo, el delirio remite y se desarrolla un drama con todo un repertorio de personajes. Estos personajes permanecerán a lo largo de varios años de extraordinario placer. Durante estos encuentros visuales, él, adoptando la personalidad femenina de su Anima, interacciona con entidades aristocráticas completamente desconocidas. Los ancianos dicen que "el meditador ha puesto un océano entre él y su otra parte femenina" significando que la acción que se visualiza nunca tiene lugar cerca de su hogar. (En el drama nunca se encuentra con alguien que haya conocido en el mundo samsárico.) Para él es como si estuviera participando simultáneamente en el drama divino "en directo" como un miembro del sexo opuesto mientras, en su propia identidad sexual terrenal, observa pasivamente el drama como parte de la audiencia, atestiguando pero, con tan sólo una breve excepción, sin llegar a participar en los eventos que se representan. En cuanto finaliza la meditación, recupera su propio género natural de nuevo. Nadie en el mundo exterior tiene la más mínima indicación de que cuenta con esta otra existencia.

En Oriente cada monasterio cuenta con unos pequeños cubículos privados reservados para los monjes o monjas que han experimentado la androginidad espiritual. Pueden permanecer en un aislamiento completo hasta tres años. Se les provee de comida y se les hace la colada. Un cajón empotrado habilita un pequeño acceso al exterior que le permite a él o a ella recibir comida y ropa limpia sin tener que interactuar con otros seres humanos "profanos". Por la noche, sin embargo, es posible ver a los inquilinos salir al exterior para sentarse bajo las estrellas, quizás incluso fumar y charlar con otros, en su identidad de género normal.

Tattvas #0 al 1 (El Hijo Divino)

Varios años tras la aventura andrógina, tiene lugar una extraordinaria visión: durante cinco extraños segundos terrenales, el meditador, en su identidad mundana, entra en el drama divino; y en una cámara de esterilidad similar a la de los quirófanos, deja preñado a su "otro" sexo opuesto. Esta es la única ocasión en la que un ser humano, como tal, pone su pié dentro de los recintos celestiales. Esto, también, cuenta para el héroe semi-divino que tan habitualmente tiene un padre mortal (el meditador) y un padre divino (el Anima o Animus del meditador). En Zen, este hijo se llama Maitreya, el Buda Futuro. Pero, según el Camino particular que se llama seguido, puede adoptar muchos otros nombres, Skanda, Murugan, Miroku, etc.

Los intentos de gestar un Hijo Divino sin el beneficio del Matrimonio Místico y la integración del "otro" padre son ridículos. Textos antiguos parecen indicar que esto es posible; pero dichos textos han sido siempre desarrollados en sesiones secretas con el Abad o Maestro el cual ha transmitido en persona el conocimiento esotérico vital. Existen personas hoy en día que están convencidos de que a través de una Senda Real o Camino Solar pueden conjurar un hijo divino como si éste fuera un clon espiritual. Los niños que se crean a un amigo imaginario para jugar con él están mucho más cerca del blanco.

La Noche Oscura del Espíritu

Durante el periodo de gestación el meditador experimenta una serie de visiones indescriptiblemente depravadas denominadas la Noche Oscura del Espíritu. (Nótese aquí que esta no es la Noche Oscura de los Sentidos – en la que una persona se esfuerza en conformar su conducta a la de la vida religiosa. Tampoco es la Noche Oscura del Alma en la que el meditador entra en una zona estéril en la que no puede meditar. Durante semanas o meses intenta entrar en el estado trascendental, pero es en vano. Está, como solemos decir, "Vendiendo agua junto al río." Sus esfuerzos parecen tan estúpidos como fútiles.)

Durante estas visiones de la Noche Oscura del Espíritu la persona realiza en el mundo real nirvánico una serie a peor de actividades sórdidas y claramente criminales con las que realmente disfruta. Ninguna conciencia le retiene. En el mundo ilusorio cotidiano, puede ver a otros seres humanos realizar tales actos en el mundo material de la televisión. Es como si tuviera una visión el Lunes en la que comete un crimen; y entonces, en la programación del Martes, ve a alguien encadenado siendo arrastrado a la cárcel por haber cometido el mismo crimen. Y no siente el insípido, "De no ser por la gracia de Dios, allí estaría yo." Al contrario, sabe que él en el mundo real ha hecho algo peor; y su empatía hacia el criminal aumenta hasta una compasión conmovedora. La experiencia, tan espantosa como parece, tiene un propósito. El meditador se humilla completamente y puede ahora mirar con compasión y empatía a los pecadores del mundo material. Sin embargo esto no le inspira a interferir con el sistema judicial criminal. Como D.T. Suzuki lo expresa, "El hombre del Zen debe también vivir en sociedad."

Este terrible estado de la "Noche Oscura" puede durar varias semanas o, como el Gran Maestro Jy Din advirtió, puede aferrarse al meditador tan estrechamente que no hay escapatoria posible. "Muchos hombres no consiguen salir," lamentaba el antigüo abad del Templo de Hsu Yun.

A la conclusión de este doloroso periodo de depravadas visiones, el hijo divino, anunciado por un minúsculo planeta orbitante identificado como Mercurio, emerge espiritualmente "desde la grieta en la roca", es decir, desde las fontanelas del meditador. Este crece con rapidez.

Metodologías "Emergentes"

Aunque existen textos en los que se proporcionan ejercicios para proyectar esta criatura espiritual dentro del mundo material, esta posibilidad no está aprobada por el Zen. Lo que sucede es que el meditador pronto abandona su identidad como Anima y en su lugar medita bajo la apariencia del arquetipo del héroe (hijo divino).

De nuevo, nadie en el mundo exterior recibe la más mínima pista de que tales eventos extraordinarios están teniendo lugar en la vida del meditador. Adicionalmente, debe tenerse en cuenta que el sentido de realidad experimentado en el mundo visionario excede en mucho a la claridad, vibración y significado de los eventos experimentados en el mundo material ordinario.

El Origen y el Mas Allá – El Portal del Círculo Vacío a la Nada

Continuando con la línea numerada, pasando a través del Origen hacia la zona negativa, tenemos el estado del Vacío Definitivo, la experiencia hiperconsciente del Vacío, Shunyata. En el Mahayana la divinidad que gobierna esta experiencia es Prajnaparamita. Ella es la encarnación de la Sabiduría y la Gracia. No sería correcto considerarla como un Buda o un Bodhisattva ya que Ella, en una manera de expresarlo, transciende lo transcendental.

Encuentros Reales Espirituales y los esfuerzos de personas desencaminadas en manufacturar dioses.

Ninguna revisión de los tattvas espirituales estaría completa sin un comentario acerca de los denominados métodos "Izquierdistas" para generar personas divinas. Ciertas formas de Alquimia, Daoísmo, Budismo, e Hinduismo elevan a sus parejas sexuales mediante una apoteosis como un mecanismo para crear al "otro" progenitor.

En el caso del Anima, al meditador le son dadas una variedad de instrucciones sobre cómo elevar a un ser humano femenino al estado de una diosa de forma que pueda experimentar la relación sexual Divina. Algunas escuelas recomiendan a las mujeres más normales para este honor; otras escuelas prefieren jóvenes vírgenes. (Para el Animus, el gurú de la escuela o maestro se considera suficientemente exaltado como para tomar el lugar de Shiva o Avalokitesvara.)

En el caso de que no sea posible o no sea recomendable usar un ser humano femenino, el meditador recibe la instrucción de imaginarse a una diosa y entonces hacer que ésta obedezca a su voluntad.

Estas prácticas constituyen un sacrilegio. Cualquiera es libre de llamar diosa a una mujer o suponer que está siendo atendido por una imaginaria. En el mundo cotidiano tan sólo un tonto llevaría a cabo semejante esfuerzo. Nadie debería ser seducido por unas "escrituras," "Gurú," o "Maestro" y creer que es posible conseguir por tales medios un encuentro trascendental.

Tan sólo hay una manera de acceder al "Maha Mudra" (El Gran Sello del Enlace Divino) conocido como el Yin (sello). Este logro se consigue por la Gracia adquirida tras el arduo trabajo de integrar los distintos arquetipos. Únicamente esta Gracia permite la auténtica experiencia andrógina. Los egos humanos no les dicen a los dioses lo que tienen que hacer. Este sinsentido alcanza la categoría de Engreimiento.

Relatos Verídicos

Existen muchas obras de auténticos místicos que describen la experiencia espiritual. Desafortunadamente, muchas de estas importantes obras han sido traducidas por personas que simplemente no entendían la androginia espiritual. (En una ocasión leí una bella traducción de una expresión de amor de Santa Catalina de Siena. Por desgracia, no tuve en cuenta al traductor. Cuando más adelante me encontré con otra traducción de una parte de su obra, ésta había sido realizada por personas que conocían el italiano pero que no sabían mucho acerca de lo trascendente. Explicaban que habían traducido la palabra "viril" como "veraz", lo que les parecía más apropiado. Como si Catalina de Siena no conociera el equivalente en italiano para 'veraz.')

El gran santo Sufí, Jalalal-din Rumi, también escribió exquisitos poemas que describen este estado andrógino. Entre sus muchas obras está una colección de tales poemas de amor: El Divan de Shams de Tabriz. Rumi fue un maestro del Camino Shi’a del Islam. Siendo profundamente espiritual, alcanzó el estado de Enlace Divino de los Tattva 2 y 1 cuando casualmente escuchó una charla de su Maestro Sufí, Shams de Tabriz.

Uno de los hijos de Rumi, al no entender la androginia espiritual, supuso que los trances de éxtasis de su padre eran de naturaleza homosexual y que indicaban que mantenía una relación sexual con Shams. Por ello asesinó a Shams. Después de años de lamentos, Rumi compuso los poemas de amor, poniendo el nombre de su maestro como el autor. El británico Sir Richard Burton y el poeta americano Coleman Barks son los principales responsables de traer estos poemas persas a la luz en inglés.

Terminamos con dos poemas: Así, de Rumi, traducido por Coleman Barks; y el otro, Noche Oscura, en español, escrito en el siglo XVI por San Juan de la Cruz en España. El santo habla de su "casa estando ya sosegada" que significa que se encuentra en el estado meditativo. En sueños, por ejemplo, el estado de la psique se representa con frecuencia como la morada en la que el soñador se encuentra. También habla de unas ansias inflamadas, que es, por supuesto, el increíble calor de la pasión. Hará mención a su "disfraz" que es su "otro" femenino que nadie más puede ver; y se referirá a la "escala" que ha de ser escalada... una referencia a la ascensión por la espina dorsal de la tremenda y atragantante (Kundalini) pasión.

Noche Oscura

En una Noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
(¡oh, dichosa ventura!)
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

A oscuras, y segura,
por la secreta escala disfrazada
(¡oh dichosa ventura!)
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz ni guía
sino la que en el corazon ardía.

Aquésta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
a donde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche que me guiaste!,
¡oh noche amable mas que el alborada!,
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!.

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.


A continuación sigue la exquisita traducción de Coleman Barks del poema de Rumi, Así, tomado del Divan de Shams de Tabriz #1826.

Así

Cuando alguien te pregunte cómo será la perfecta satisfacción de todos nuestros deseos sexuales, alza el rostro y di, Así.


Cuando alguien comente sobre la belleza del cielo nocturno, súbete al tejado, baila y di: ¿Así?


Si alguien quiere saber lo que es el "espíritu" o lo que significa "la fragancia de Dios", inclina la cabeza hacia él o ella. Mantén cerca tu rostro. Así.


Cuando alguien cite esa vieja imagen poética de las nubes que gradualmente dejan la luna al descubierto, deshazte lentamente, uno por uno, los nudos de los cordones de tu túnica. ¿Así?


Si alguien te pregunta cómo podía Jesús resucitar a los muertos, no intentes explicar el milagro. Bésame en los labios. Así. Así.


Cuando alguien pregunte qué significa "Morir por amor", señala Aquí.


Si alguien pregunta cómo soy de alto, frunce el entrecejo y mide con los dedos el espacio comprendido entre las arrugas de tu frente. Así de alto.


A veces, el alma abandona el cuerpo y después regresa. Cuando alguien no se crea eso, regresa a mi casa. Así.


Cuando los amantes gimen, están relatando nuestra historia. Así.


Soy un cielo en el que moran espíritus. Contempla este azul profundo mientras la brisa te cuenta un secreto. Así.


Cuando alguien te pregunte qué hay que hacer, prende la vela en su mano. Así.


¿Cómo le llegó a Jacob el aroma de José? Huuuuu. ¿Cómo recuperó la vista Jacob? Huuuuu.


Un poco de viento limpia los ojos. Así.


Cuando Shams regrese de Tabriz, asomará la cabeza por el quicio de la puerta para sorprendernos. Así.


Kwannon Hibbo Kannon, por Kano Hogai, coloreado en seda. Siglo XIX.
Colibrí